Violencia hacia los animales por menores... ¿cosas de niños?

Barcelona - 30/03/2009

Los asesinos... muy a menudo son niños que nunca aprendieron que está mal sacarle los ojos a un cachorro”.

ROBERT K. RESSLER, EX-AGENTE DEL F.B.I.


Un animal no puede defenderse; si tú estás disfrutando con el dolor, disfrutando con la tortura, te gusta ver cómo está sufriendo ese animal... entonces no eres un ser humano, eres un monstruo”.

JOSÉ SARAMAGO, PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1998


La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta pureza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más profunda, tal que escapa a nuestra percepción, radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales”.


MILAN KUNDERA EN LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER



“Es la misma sensación si estrangulas un animalo o una persona. Ya has sentido la presión en el cuello mientras intentan respirar. Estás estrujándoles la vida a esos animales y no hay mucha diferencia. Lucharán por sus vidas igual que lo hará un ser humano. Llega un momento en que matar ya no significa nada. Ya no me interesaban los animales y empecé a buscar víctimas humanas. Lo hice. Maté y maté hasta que me pillaron.

Ahora pago por ello durante el resto de mi vida.

Deberíamos parar la crueldad antes de que se transforme en un problema mayor, como yo.”


Estas reveladoras palabras fueron escritas porel asesino en serie, Keith Jesperson Hunter, desde la Prisión del Estado de Oregón, por lo que resultan particularmente valiosas para ilustrar la conexión entre la violencia hacia los animales y los humanos, que desde hace siglos es motivo de reflexión y preocupación.

El interés por el maltratohacia los animales, a diferencia de una falsacreencia actual, no obedece a una característica propia de la sociedad del bienestar, sino que supone una cuestión ética fundamental que tiene su origen en los inicios mismos de la Filosofía.

El trato que concedemos a los otros animales ha sido y es objeto de encendido debate, ya que una de las cuestiones fundamentales que subyacen es hasta qué punto es ético utilizar a otros animales como recursos por el mero hecho de pertenecer a una especie distinta a la nuestra. No olvidemos que nuestra sociedad trata a seres sintientes, con capacidad de experimentar placer y dolor, como si fueran objetos que han sido creados para nuestro uso (Bekoff, 2003, 2004; Singer,1999; Lafora, 2004; Regan, 2006), cosificándolos y desnaturalizándolos, para ahorrarnos el sentimiento de culpa y evitar que nos cuestionemos la moralidad de nuestra relación con ellos.

Por otra parte, la condena al trato cruel a los animales se ha debido en otras ocasiones a un temor por la extensión del comportamiento violento hacia la especie humana.

Santo Tomás de Aquino, si bien no tenía una preocupación hacia el sufrimiento de los animales per se, recomendaba la condena social al maltrato animal ya que —según él— “siendo crueles hacia los animales, uno se acaba volviendo cruel hacia los seres humanos”.

En elsiglo XVII, el filósofo John Locke escribía “el acostumbrarse a atormentar y matar bestias, endurecerá gradualmente las mentes hacia los hombres; y aquellos que se complazcan en el sufrimiento y la destrucción de criaturas inferiores no serán aptos para ser compasivos o benevolentes hacia aquellos de su propia clase” (1693, Sec.166).

Resulta particularmente interesante la serie de grabados del artista británico William Hogarth (1697-1764) titulada "Los Estadios de la Crueldad" (Shesgreen 1973). La prolífica y detallada representación de diferentes actos de tortura hacia animales, que finaliza en un asesinato (la novia del protagonista de los grabados, Tom Nero), es una sugerente conexión que establece Hogarth entre el maltrato a los animales y diversos factores sociales, con el desarrollo de otras conductas violentas en el futuro.




Los novelistas y escritores también han reflejadola conexión entre la violencia hacia los animalesy los humanos, siendo algunos ejemplos conocidos El gato negro (Poe, 1843), The GreatSantini (Pat Conroy, 1976), El señor de las moscas (William Golding, 1959), Las Crónicas de Narnia (C.S. Lewis) y Sacrifice (Andrew Vachss,1991).


Marco científico

El que es considerado padre de la Psiquiatría en Francia, Pinel (s. XVIII), ya advertía de la conexión entre la crueldad infantil hacia los animales y la posible futura violencia interpersonal.

Más adelante, ya hacia 1920, se publicó el libro Theyoung delinquent, por Cyril Burt, recogiéndose como una de las manifestaciones de comportamiento violento digna de ser tenida en cuenta, la crueldad hacia los animales.Ya en el siglo XX, la reconocida antropóloga Margaret Mead (Mead, 1964) afirmaba que la crueldad hacia los animales era un síntoma de una personalidad violenta que, sin un diagnóstico a tiempo, podría conducir a “una larga carrera de violencia episódica y asesinato”; aunque las primeras investigaciones sobre la relación entre la crueldad hacia los animales y los humanos, tuvieron lugar hace 40 años. Estos estudios concluyeron que existía dicha relación de grado mediante el análisis de población penitenciaria, lo cual se ha corroborado en estudios posteriores1.

Hace sólo una década, Arluke and Lockwood (1997) destacaban la creciente sensibilización de la sociedad hacia otras formas de violencia menos conocidas, expresando la necesidad de ampliarlos estudios sobre el particular. Según Bryant (1979), la violación de las normas relativas al trato humanitario de los animales “seguramente constituyen los actos más ubicuos de entre los actos de desviación social”. Los animales son, a menudo, uno de los sectores más desprotegidos y más susceptibles de ser víctimas disponibles e indefensas, con escasa capacidad de respuesta, lo que, al igual que a otro tipo de víctimas, les hace especialmente vulnerables (Berkowitz, 1996; Urra, 1997; Echeburúa, 2004). Los actos violentos cometidos con los animales son contemplados como incidentes aislados (Flynn, 2000).

En ocasiones, la aparición en los medios de algunos casos especialmente sobrecogedores de crueldad hacia los animales, unido a la mayor sensibilidad de la sociedad en general, han conducidoa la demanda de leyes más estrictas, sobretodo la consideración del maltrato a los animales domésticos como un delito en vez de una falta. En España, a pesar de ser un país no especialmente respetuoso con el trato a los animales (Lafora, 2004), se inició la modificación de artículo 337 del Código Penal en octubre del 2004, en respuesta a una espectacular campaña, liderada por la Fundación Altarriba, después de conocerse la tortura de 15 perros en una protectora de Reus (Tarragona).





Actualmente, ocho Estados en EEUU autorizan explícitamente en sus estatutos (relativos a la crueldad hacia animales) las evaluaciones psicológicas o el tratamiento psiquiátrico.

En California, se exige la evaluación psicológicasi se pide la libertad condicional después deuna condena por abuso a animales (Loar, 2000).En Colorado, se exige evaluación psicológica apartir de la segunda ofensa, igual que en VirginiaOccidental. A diferencia de España, donde aúnno existen recomendaciones de este tipo ni unainfraestructura que permita educar a la poblaciónni intervenir cuando convenga, en comparacióncon los cuerpos de inspectores humanitarios deotros países (RSPCA, SPCA, ASPCA, etc.), locual contraviene uno de los principios de la efectividadde las leyes: la certeza de la pena(Redondo, 2006 y otros).

En este sentido, destaca la reciente encuesta elaborada por la empresa Ikerfel, en la cual el 84 por ciento de los españoles encuestados cree que no se castiga el maltrato a los animales;

aunque las dificultades parahacer efectivas las leyes no son, ni mucho menos,exclusivas de España (Iburg, 2000).Pese a las investigaciones, según apuntaHensley (Hensley & Tallichet, 2005), no todos lossociólogos y criminólogos han logrado entenderpor completo la importancia del maltrato a losanimales, tanto empírica como teóricamente(Agnew, 1998; Beirne, 1995, 1996, 1999).

Beirne (1995), por ejemplo, afirma que “muchos no venque haya objeto de estudio del abuso físico ypsicológico a animales”. Frente a ello, Ascione(2001), uno de los más reputados expertos, consideraque el maltrato a los animales es “una formasignificativa de comportamiento agresivo yantisocial que podría añadir una pieza más alpuzzle del conocimiento y la prevención de laviolencia juvenil”. Además, como Lockwood yAscione (1998) apuntaron, los actos de crueldadhacia animales son considerados como penasmenores (Flynn 2000), limitando la cantidad deinformación sobre la naturaleza, extensión y dinámicade este tipo de crueldad. Todas estas consideracionessugieren que la crueldad hacia losanimales constituye un fenómeno complejo querequiere una investigación más pormenorizada.

Se necesitan más estudios que permitan identificarlas características del perpetrador y las circunstanciasque rodean el acto de crueldad. ¿Sertestigos de actos de crueldad en animales predisponea cometer futuros actos de violencia contralos animales? Si así es, ¿depende de la edad dela persona testigo de la crueldad y la relación conel maltratador? En otras palabras, ¿qué condicionesestán asociadas con el aprendizaje y la posteriorejecución de actos de violencia contra animales?




¿Qué entendemos por crueldad hacia losanimales?

Debido al reconocimiento de la crueldad hacialos animales como un paso potencialmente previoa la perpetración de actos violentos hacia humanos,tanto los profesionales clínicos como losinvestigadores han procurado definir este fenómeno, no sin pocas dificultades.

La crueldad hacia los animales constituye unode los síntomas del trastorno de conducta (conduct disorder)2, además de considerarse un criterio diagnóstico fiable, aunque no exclusivo (Spitzer, Davies & Barkley, 1990).

En la versión posterior del DSM-IV (1994), un trastorno de conductaera definido como un “patrón repetitivo ypersistente de comportamiento en el que los derechos básicos de los otros o las normas sociales son violadas” con la presencia de tres o más criteriosdurante los 12 últimos meses con uno, almenos, durante los últimos seis meses. De los 15 criterios, sólo el A5 está relacionado con la crueldad hacia los animales y no ofrece una definición amplia de lo que se considera “crueldad”, lo cual supone uno de los obstáculos en el estudio de este tema (Cuquerella, Querol Viñas, Ascione, Subirana, 2003 y otros).



Los investigadores empezaron desde entoncesa perfilar una definición del concepto de crueldad y una manera de medirla: “representa un comportamiento objetivable y definible que acontece en un contexto social igualmente definible” (Lockwood & Ascione, 1998: 443). En una encuesta elaborada por Ascione, Thompson, y Black (1997), la crueldad hacia los animales se medía en términos de frecuencia y severidad.

Guymer, Mellor, Luk, and Pearse (2001) desarrollaronel primer instrumento de criba (screening),para identificar específicamente la crueldad hacialos animales usando la definición de Ascione(1993) “comportamiento socialmente inaceptableque causa de manera intencional un sufrimiento,dolor o distrés innecesario y/o la muerte del animal”.

No se incluyen, por tanto, y aunque causensufrimiento innecesario a los animales, comportamientosmás socialmente aceptados como la cazalegal, la ganadería intensiva, la cría de animalespor su piel, la experimentación científica con animales, espectáculos con animales (corridas de toros, rodeo, circo, zoos...).

La definición de crueldad en relación a los animales también debería incluir —según varios autores— los actos de maltrato por negligencia cuando existe la intencionalidadde causar daño (Ascione, 1993:228; Vermeulen & Odendaal, 1993: 249), diferenciándolo, por tanto, del hoarding o Síndrome de Diógenes con animales (Patronek, 1999; FundaciónAltarriba, 2006).

Existe, además, una diferenciación cualitativa digna de ser tenida en cuenta según se trate de animales invertebrados, vertebrados de sangre fría y vertebrados de sangre caliente (Ascione, Thompson & Black, 1997).



Prevalencia

Hay pocos estudios hasta la fecha que hayanexaminado la prevalencia de crueldad infantilhacia los animales. En uno de sus primeros trabajos,Tapia (1971) describió las historias de niñosentre cinco y 15 años derivados para evaluación.

Su análisis encontró que los niños participabanen varias formas de maltrato hacia los animalesy que, seis años más tarde, el 62% continuabaexhibiendo este comportamiento (Ringdon &Tapia, 1977).

En otro estudio, se midió la cifra decrueldad hacia los animales en una muestra de niños en clínicas de salud mental y una muestra no clínica (Achenbach & Edelbrock, 1981), así como informes maternos por la Child Behavior Checklist (CBCL).

La muestra clínica presentaba cifras de 10-25% comparadas con el 5% de la muestra no clínica; mientras que las investigaciones con menores (14-18 años) en régimen penitenciario revelaron cifras del 14 al 22% (Ascione,1993).

Un estudio comparó las cifras y las características de la crueldad hacia los animales en una muestra clínica y una no-clínica (comunitaria) (Luk et al, 1999), resultando que la crueldad estaba presente en casi un tercio de la primera y en un 1% de la segunda. Los investigadores vieron también que los niños presentaban cifras más altas que las niñas, y que los niños crueles tendían a mostrar, en mayor frecuencia y severidad, síntomas de trastorno de conducta, pobre dinámica familiar y percepciones elevadas de sí mismos; por lo que se sugiere la hipótesis de una asociación entre esta elevada autopercepción y crueldad hacia los animales con la presentación de rasgos psicopáticos en la vida adulta (Frick,O’Brien, Wooton & Mc Burnett, 1994).

Las experiencias infantiles de crueldad hacia los animales no están limitadas a muestras de delincuentes juveniles, sino que se ha detectado en otros tipos de población. En un estudio en adolescentes de una muestra comunitaria, casi el 50% explicaba haber experimentado crueldad hacia los animales (Flynn, 2000); de los cuales la mitad había sido testigo de actos violentos y un 20% los habían cometido.

En el caso de los individuos que fueron testigos, mayoritariamente, relataban un acto; mientras que los perpetradores explicaban más de uno. En todos, la forma de crueldad más frecuente era la muerte de animales abandonados y la tortura.




Trastorno de conducta

Este trastorno se caracteriza por patrones persistentes de ruptura de normas sociales asociadosa daño físico a otras personas, propiedades, robo, y serias violaciones de las normas (DSM-IV, 1994).

El trastorno de conducta es más prevalente en los últimos años (APA,1994): aproximadamente entre un 2-9% de los niños en EEUU son diagnosticados de este trastorno (McMahon & Estes, 1997). Las cifras suelen ser más elevadas en niños que en niñas y, en todos, los síntomas se presentan típicamente en la niñez tardía hasta la adolescencia, aunque pueden continuar hasta la vida adulta.

De los niños diagnosticados de trastorno de conducta, el 25 % han sido—o son en el presente— crueles en relación a los animales (Arluke et a. 1999).

En el meta-análisis de Frick et al. (1993), la crueldad hacia los animales se consideró uno de los síntomas más precoces (a la edad de 6.75 años).

Es interesante destacar la importancia deeste hecho ya que un inicio temprano de los síntomas suele ir asociado a una pobre prognosis del trastorno de conducta (APA, 1994). Los niños que cometen actos de crueldad hacia los animales es más probable que tengan problemas de conducta más severos que los que presentan otros síntomas (Luk, Staiger, Wongg & Mathai,1999). De hecho, los niños con trastorno de conducta presentan mayores cifras de crueldad hacia animales que otros grupos (Achenbach, Howell,Quay & Conners, 1991).




Trastornos de personalidad

Gleyzer, Felthous, y Holzer (2002) hallaron en sus investigaciones una relación entre el trastornoanti-social de la personalidad y el hecho de tener antecedentes de crueldad hacia los animales, por lo que recomendaron a los psicólogosclínicos la consideración del estudio de la frecuencia, motivaciones, tipos de animales maltratados y naturaleza del maltrato.




Agresiones sexuales

En una muestra de violadores varones y pedófilos, se encontraron mayores cifras de crueldad infantil hacia animales (Tingle, Barnard, Robbins,Newman & Hutchinson, 1986) respecto de los noagresores sexuales. En este ámbito, un estudio muy conocido (Ressler et al. 1998) concluyó que, en una muestra de 36 asesinos y agresores sexuales, el 36% habían cometido actos de crueldad hacia los animales en la infancia, el 46% había sido cruel durante la adolescencia y el 36% persistía en la conducta en la edad adulta. Asimismo,en una muestra de jóvenes víctimas de abusos sexuales que presentaban enfermedad mental grave, se observaron mayores cifras de comportamiento sexual inadecuado, abuso de sustancias, reacciones post-traumáticas, síntomas disociativos y crueldad hacia animales (McClellan, Adams, Douglas, McCurry, Storck,1995).




Estudios generales

Numerosos estudios se han servido de muestras de población penitenciaria para analizar la relación potencial entre actos de crueldad hacia animales y violencia hacia humanos3.

Desafortunadamente,los más recientes apuntan a las limitacionesde los que han utilizado muestras pequeñas,por considerar indirectamente el fenómenode la crueldad hacia los animales o bien poradolecer de algunas deficiencias metodológicascomo el uso de parrillas en vez de entrevistas personales factor ya predicho por Kellert & Felthous,(1985).

Merz-Perez y Heide (2003) afirman que lacrueldad hacia los animales por sí misma es una expresión compleja de violencia y que su investigación requiere rigor metodológico y claridad conceptual. De manera más específica, Arluke y Lockwood (1997) apuntan que las investigaciones futuras deberían centrarse en el estudio demográfico del maltratador y la frecuencia del maltrato.

Hasta la fecha, sólo unos pocos estudios hanexaminado la crueldad hacia los animales como un comportamiento recurrente4, los efectos de la exposición a maltrato de animales y posterior comisión de actos violentos (Miller & Knutson,1997; Merz-Perez & Heide, 2003; Merz-Perez etal., 2001) y la edad en que empieza la crueldad hacia los animales.

Kellert and Felthous (1985) fueron los primeros que proporcionaron una investigación en profundidad sobre el contexto y la dinámica que subyacenen los actos de crueldad hacia los animales. Para ello, entrevistaron a 102 criminales (32 con comportamiento agresivo, 18 moderadamente agresivo, y 52 no agresivos) y a 50 no-criminales en Kansas y Connecticut sobre su comportamiento antisocial, su pasado, su entorno, su relación con los animales (incluyendo 16 tipos específicos de crueldad hacia ellos).





Los participantes explicaron un total de 373 actos decrueldad hacia los animales; un 60% de los cualesparticiparon en al menos uno. Los investigadores descubrieron más tarde que el 25% de loscriminales violentos cometieron cinco o más actosde crueldad hacia los animales comparadocon el 6% de los criminales moderados o no agresivos y ninguno de los no criminales.

En consecuencia, podemos decir que los análisis estadísticos revelan una asociación significativa entre la frecuencia de crueldad hacia los animales en la infancia y el posterior comportamiento agresivo hacia humanos. Merz-Perez y Heide (2003) destacan que la frecuencia indica un patrónde la escalada violenta en forma de crueldadhacia los animales.




Exposición a la crueldad

Por lo que se refiere a la exposición a hechosde crueldad hacia animales, Miller y Knutson (1997) entrevistaron a 314 presos (84% hombres)en el Iowa Medical and Classification Center quehabían cometido delitos y encontraron que el 66%habían herido o matado animales o bien habíansido testigos de alguien que lo había hecho. Los entrevistados respondieron a preguntas tales como “quién estaba involucrado?, qué animales fueron maltratados?, qué sucedió?, el número de incidentes, y si hubo consecuencias”.

Más del 40% de los presos habían presenciado un maltrato y más del 50% habían sido testigos de la muerte de un animal a manos de otro individuo. Aunque sólo el 16% admitió haber maltratado un animal, el 31% reconoció haber matado a un animal abandonado. A pesar de que no se encontró ninguna asociación entre el haber sido testigo, haber cometido un acto de crueldad hacia animales y los cargos criminales, los investigadores elaboraron sus conclusiones con algunas reservas ya que destacaron que la tasa basal de exposición a crueldad hacia los animales era muy alta (71%) para la muestra correspondiente a los presos.

En la investigación de crueldad hacia los animalesy violencia subsiguiente, Merz-Perez y Heide (2003) recopilaron información de 45 presos violentos y 45 no violentos encarcelados en Florida en una cárcel de máxima seguridad (ver tambiénMerz-Perez et al., 2001).

Su estudio usó un amplio rango de variables de crueldad hacia los animales incluyendo la frecuencia y el ser testigo de un acto de crueldad por parte de un miembro de la familia, amigo, conocido, o extraño.

Cuando examinaron la medida de frecuencia de crueldadhacia los animales, su análisis corroboró la relaciónentre actos previos de crueldad hacia animalesy actos posteriores de violencia hacia humanos.Los presos violentos explicaron haber sidotestigos en un porcentaje ligeramente mayor (75)que los no violentos (67), aunque la diferencia noes estadísticamente significativa. Sin embargo,Merz-Perez y Heide (2003) también concluyeron— a partir de sus datos cualitativos— que variosde los participantes violentos de la muestra habíansido testigos del mismo maltrato por parte deun amigo en repetidas ocasiones.

También destacaban el hecho de que algunos de los participantes, tanto violentos como no violentos,“explicaban abusos que incluían la victimizaciónde animales de compañía que habían sido maltratadoso muertos por una figura paterna. En conclusión,destacaron la necesidad de investigar losefectos de la exposición a la crueldad hacia losanimales cometida por otros.

En un reciente estudio (Hensley C, TallichetSE, 2005) elaborado en dos prisiones de mediaseguridad y en una de alta seguridad en EEUU,entre una muestra de 261 individuos, se observóque los participantes que habían maltratado omatado animales de manera repetida habían sidoexpuesto a actos de crueldad hacia animales auna edad temprana y, con mayor frecuencia,habían sido testigos de un amigo maltratando aun animal (también en Cuquerella, Querol, Ascione, Subirana, 2003). Los presos que habían sidotestigos de crueldad a una edad tempranatambién comenzaban antes a perpetrar actos crueles.Este hecho implica que el inicio y la frecuencia dela crueldad hacia los animales puede haber sidoinfluenciada por los miembros del entorno socialprimario.

Debido a que la exposición tempranaera un factor significativo en la realización tempranay recurrente de actos crueles en dichamuestra, se elaboró la hipótesis de la posibilidadde que los presos hubieran sufrido un proceso depérdida de sensibilidad en su infancia temprana;por lo que podrían haber sentido placer medianteal participar en múltiples actos de crueldad (Sears1991; Holmes et al. 1998). La exposición a lacrueldad hacia animales así como a otras formasde violencia en edades tan tempranas y el hechoplausible de desensibilizarse ante ello los conviertepotencialmente en seres más tendentes acometer también actos de violencia interpersonal(Wright & Hensley, 2003).



Background

En lo que se refiere a la historia personal, lasexperiencias y la edad de los maltratadores deanimales, Coston y Protz sugirieron que existeuna transmisión intergeneracional de violenciahacia humanos y animales describiéndola como“una orden de actos agresivos que incluyen laausencia de empatía, que pasa del cabeza defamilia al niño a través de los animales”(1998:154-155). Es de sobra conocido el trabajode Robert K. Ressler y sus colegas (1998)en el que se examinaron diversas característicasdel comportamiento de 36 asesinos y agresoressexuales. De los 36 hombres, 28 presentaban características comunes en la infancia, siendouna de ellas la crueldad hacia los animales.

Más concretamente, el 36% había cometido actos decrueldad hacia los animales en la infancia, el 46%había sido cruel durante la adolescencia y el 36%seguía siéndolo en la edad adulta. Una asociaciónque llamó la atención en dicho estudio, apesar de que ya había sido descrita anteriormente5,es la conocida como tríada de Mac Donald otríada homicida que relaciona enuresis, piromaníay crueldad hacia los animales. La capacidad depredicción de la tríada ha sido también motivo deestudio (Wax & Haddox, 1974) y ha generadoalgunas dudas en ciertos investigadores (Barnettand Spitzer, 1994; Lockwood and Ascione, 1998:245–246).

Algunos estudios más recientes han encontrado dicha asociación en criminales (Cuquerella, Querol, Ascione, Subirana, 2003) y especialmente entre dos factores de la tríada: piromanía (entendida como un comportamiento vandálico) y crueldad hacia animales6.

Ressler (1998) apunta también a la especial asociación entre crueldad hacia los animales, actos vandálicos y la necesidad de que haya un sistema de feedback negativo lo más temprano posible con el propósito de poner fin a estos comportamientos indeseados.



Factores etiológicos7

La primera clasificación de los motivos por los cuales los niños eran crueles con los animales la proporcionó las investigaciones de Kellert & Felthous (1985), en una muestra de criminales y una de no criminales, donde se identificaron nueve motivos para ser cruel:

1) controlar al animal, 
2) satisfacer prejuicios contra otras especies o razas,
3) expresar agresión, 
4) aumentar la propia agresividad, 
5) sorprender a la gente por diversión,
6) como represalia contra una acción del animal, 
7) como represalia contra otra persona,
8) como desplazamiento de la hostilidad de una persona hacia un animal, 
9) o sadismo no específico (Kellert & Felthous, 1985:1122-1124).

Una de las limitaciones que presenta esta clasificación es que se basa en datos retrospectivos, por lo quees difícil saber con exactitud cuáles eran las motivaciones en el momento del maltrato.

Otros investigadores, dentro del estudio de lamotivación de los niños para ser crueles, se hanse centrado directamente en los menores (Ascione, Thompson & Black, 1997; Boat, 1995). Se apunta la interesante posibilidad de que lospadres u otros adultos puedan utilizar la educación sobre el trato respetuoso y humanitario hacia los animales para eliminar la conducta cruel (Ascione, 1999).

En una investigación, los niñosen situación de riesgo relataron varios motivos:intento de identificarse con el agresor, imitar el comportamiento observado, modificar el estado de ánimo, someterse a la presión de compañeros o experimentar estimulación sexual (Ascione etal. 1997).

Se ha observado que cometer actos de crueldad hacia animales es un requisito de las pruebas de admisión en algunas bandas juveniles (Ascione, 1999).



Otros factores

En ocasiones, el estudio de la crueldad infantilhacia animales ha implicado al contexto familiary, en menor grado, a los factores asociados alniño. En muestras de adultos crueles con animales,se recogen a menudo historias de abusossexuales en la infancia8; mientras que los adolescentesmaltratadores de animales presentan unarelación parental, familiar y con compañeros másnegativa que los no maltratadores (Miller & Knutson,1997).

La crueldad hacia los animales es más frecuenteen hogares con episodios de violenciadoméstica9 y alcoholismo o abuso de otras drogaspor parte de los progenitores (Felthous &Kellert, 1987). Por tanto, la detección del maltratoal animal puede ayudar también al descubrimientode otros comportamientos violentos y hacerposible una intervención más temprana10.

Aunqueexisten pocos estudios centrados en factores específicosque ayuden a explicar el desarrollo dela crueldad hacia los animales en niños, un estudio encontró niveles bajos de un metabolito de la serotonina11 en el líquido cefalorraquídeo de una niña de 12 años que maltrataba pájaros y hámsters (Kruesi, 1989).

Como es bien sabido, en elestudio del comportamiento es francamente complicadodiscernir entre los efectos ambientales yla contribución genética, por lo que los factoresinfantiles estarán siempre influidos por el contexto familiar o del entorno del niño.


Teorías sobre el desarrollo de la crueldadinfantil hacia los animales

Los estudios sobre el desarrollo del trastorno de conducta (Dodge, 1990; Goldstein, 1988; Lytton,1990; Slutske et al., 1997). Lytton (1990) sugiere que los factores infantiles (genéticos,reactividad autónoma) interaccionan con los factores ambientales (control o rechazo parental) condicionando el desarrollo del trastorno de conducta.Otro modelo de interacción es el presentadopor Goldstein (1988) y conocido como modelode vulnerabilidad-estrés.

Según este, los factores ambientales pueden predecir el inicio del trastorno estando presente una predisposición genéticaen el niño. Dodge (1990: 701) argumenta que las teorías deberían incorporar una visión integradora de ambos factores, hecho que confirmaron Slutske (1997) y sus colegas al encontrar que los factores genéticos y los ambientales eran igualmente importantes. Su teoría apunta a que los factores de riesgo se encuentran por igual en individuos normales y subclínicos y no únicamente en los que presentan el trastorno.

A pesar de estas teorías, no existe heterogeneidad en la población de niños diagnosticados de este trastorno (Frick et al., 1994) e incluso se apunta a que ciertosfactores puedan estar más asociados con ciertas características diagnósticas del trastorno de conducta más que con el trastorno en su conjunto (Frick et al. 1993). Algunos investigadores han combinado algunos de los factores específicos anteriores para desarrollar una teoría etiológica del maltrato a animales12.

Ascione y Arkow (1999) sugieren que la teoría ecológica planteada por Bronfenbrenner y Marris (1997) podría explicar con más precisión cómo se desarrolla el abuso hacia animales en niños.

La propia biología del niño, los factores ambientales específicos del trato a los animales interaccionan para desarrollar la propia conceptualización del trato a los animales por parte del niño. La teoría que Kohlberg(1984) desarrolla del pensamiento moral en losniños fue incorporada para extender el pensamiento moral relativo a los animales en los niños (Dunlap, 1989), concluyéndose que las habilidades para resolver dilemas morales relativos al trato a humanos y a animales se desarrollaban de manera concurrente.

Este hallazgo sugiere unarelación entre cómo el niño trata a los animales ya los humanos, apoyándose en los razonamientosde que los crímenes inter-personales puedentener su raíz en el maltrato a los animales.


Numerosas teorías sugieren que el maltrato a los animalesse desarrolla desde un contexto familiar violento y por el hecho de ser testigo de actos violentos. La teoría del desarrollo del aprendizaje del comportamiento anti-social de Patterson, DeBaryshe & Ramsey’s (1989) sugiere que la conducta infantil de estos niños vendría modelada por patrones parentales punitivos, la ausencia de habilidades sociales y la falta de apego (Hoffman,1993; McCord, 1991). Los niños podrían emplear estos patrones punitivos y de aversión para controlar a sus animales.

Muchos niños que son testigos de maltrato aanimales por parte de una figura parental acaban desarrollando también este comportamiento (Ascione, 1998; Boat, 1995). La crueldad parentalproporciona un modelo para los niños de comportamiento inapropiado hacia los animales. Existen ejemplos de asesinos en serie que podrían habersufrido este proceso, como es el caso de HenryLee Lucas, quien a la edad de 10 años fue testigode cómo el novio de su madre apuñalaba a unaternera y abusaba sexualmente de ésta mientras estaba agonizando. A los 13 años empezó a capturar pequeños animales y desollarlos aún con vida por diversión.

Sus primeras experiencias sexuales consistieron en la captura de animales y la realización de rituales sexuales que incluían la tortura y la muerte (Merz-Perez et al. 2001).

Su escalada violenta progresó durante 30 años enlos que apuñaló, mutiló y asesinó a mujeres, siendoconsiderado uno de los asesinos en serie másnotorios de la criminología (Wright & Hensley,2003). Otro depredador sexual, Keith Hunter Jesperson,relata entre sus primeras experiencias latortura y muerte de animales y de cómo su padrele exhortaba a ello. En unas declaraciones desde la Oregon State Penitentiary explicaba el placer que le producía ver el miedo en los animales mientras los torturaba y cómo llegó un momento en que matarlos no significaba nada, empezando sus fantasías de experimentarlo con seres humanos. Existen datos similares en otras biografías de asesinos en serie y de masas que torturaban animales en su infancia13.

De entre los asesinos en masa son también estudiados los antecedentes de crueldad hacia animales en los casos deEric Harris y Dylan Klebold, Kip Kinkel, Mitchell Johnson y Andrew Golden, Michael Carneal, LukeWoodham, Brenda Spencer, Lee Boyd Malvo, entre otros.

Resulta especialmente estremecedor el caso de Woodham, quien reconoció en su diario haber golpeado, quemado y torturado a su perro Sparkle hasta la muerte, describiendo el acto como “pura belleza” (Querol, N., Cuquerella A., Ascione F., Subirana, M., 2002). Huelga decir que, en el estudio de las biografías de asesinosen serie y de masas, no es únicamente la crueldad hacia los animales uno de los eventos destacados, sino que existen en numerosas ocasiones varios factores de vulnerabilidad implicados que juegan un papel relevante en su psicogénesis (Hickey, 1991;Ressler, 1998, Cuquerella A. 2004; Querol, N., Cuquerella A., Ascione F., Subirana,M., 2002).

Felthous (1980) elaboró una conceptualización psicoanalítica para explicar el impacto del maltrato parental en el niño y la subsecuente crueldad de este hacia los animales. El niño proyectaría su agresividad hacia su agresor a través del animal. “Una figura parental abusiva se convierte en objeto agresivo de identificación y un modelo de aprendizaje del comportamiento agresivo” (Felthous, 1980:175).

En uno de los casosilustrativos, después de que un niño fuera golpeadopor su madre, se escondió en el porche con sugato y lo estranguló hasta la muerte. Otros investigadores también han encontrado datos que apoyanel fenómeno del desplazamiento de la hostilidad a un animal en un entorno hostil (Boat, 1995;Schowalter, 1983). Alguna teoría añade que existealgún factor en el contexto familiar que elimina el desarrollo de la empatía. De este modo, la exposición a la violencia que conduzca a la interferencia en el desarrollo de la empatía en el niño podría predecir un comportamiento cruel hacialos animales.

La empatía y la autoestima se consideran factores protectores con asociaciones negativas en la conducta antisocial, que mediarían además los efectos de la impulsividad, el psicoticismo y la búsqueda de sensaciones (Baron &Kenny, 1986; Romero et al., 1999b; Sobral, J.,Romero, E., Luengo, A., Marzoa, J., 2000).



Flynn(1999) encontró que adolescentes que maltrataban animales tenían más probabilidad de maltratara sus parejas y ejercer castigos corporales asus hijos. Sugirió que haber cometido actos decrueldad hacia los animales en la infancia podría haber conducido a la ausencia de empatía y otras actitudes implícitas respecto al trato hacia niños o cónyuge.

De todos modos, cabe la posibilidad de que la falta de empatía hubiera estado ya presenteantes del comportamiento cruel hacia los animales.Varios estudios apuntan a que cuando un niño es maltratado en el hogar o sufre acoso escolar (bullying) puede intentar ganar el control sobre otro ser vivo (humano o no humano) que sea menos poderoso (Gullone et al., 2004), produciéndose una disrupción en el desarrollo de su empatía y de la desconsideración por el bienestar de los otros14.

En niños que crecen en un hogar dondese produce violencia hacia humanos y animales, puede generalizarse la violencia en otras áreasde su vida, siendo crueles hacia compañeros y animales15; la agresividad aprendida puede jugar un papel causal en la victimización y llevar a cabo comportamientos con riesgo de exclusión en el grupo (Schwartz et al., 1999, Hay et al., 2004;) y tienen dos veces más probabilidad de tomar parte en maltratos a animales (Baldry, 2003a; Currie,2006).

La importancia de modificar el marco en quehan crecido los niños que maltratan animalesviene apoyado por los hallazgos de Frick et al(1994) en que los niños con trastornos de conducta estaban más motivados por la recompensa que por el castigo. Varios autores (e.g. Ascione,1992; Ascione & Weber, 1996; Paul, 2000) sugierenque si tales esfuerzos van dirigidos a la promociónde interacciones positivas con animales,es probable que se interrumpa el descenso en laempatía que se aprecia en la historia de niños enriesgo (c.f., Hastings et al., 2000) y se refuercen actitudes socialmente aceptables para intentar evitar el distanciamiento emocional (Frick &Ellis,1999).

Los programas conocidos como educación humanitaria o los específicos de tratamiento deniños y adultos crueles con animales pretendenser una estrategia para enseñarles el reconocimientode sus acciones potencialmente dañinashacia los animales y los humanos. Dichos programas ayudan a desarrollar el sentido de la responsabilidad(Ross, 1999: 368), preocupación por losdemás (Serpell, 1999), además de colaborar en eldesarrollo de la autoestima, la cooperación y lasocialización (George, 1999).

Los programas de educación humanitaria pueden incorporar técnicasde actividades o terapia asistidas con animalesde compañía o bien programas de intervenciónen las aulas con alguna actividad complementariacomo una visita a un refugio de animales.

Las investigaciones apuntan al papel importantede la empatía para el desarrollo de un comportamientosocial responsable y aceptable, ademásde ser un factor protector del trastorno deconducta (Hastings et al., 2000). Las relaciones positivas con animales pueden predecir la disposiciónfutura hacia los humanos (e.g., Ascione,1992; Paul, 2000).


Conclusiones

En resumen, podemos concluir que las investigacionessobre la crueldad hacia los animalesson aún insuficientes para comprender la dimensióndel problema (Hensley C, Tallichet SE,2005), hecho que podría atribuirse —entre otros aspectos— a que el fenómeno se produzca enuna especie distinta a la nuestra, lo que se denominaespecismo (Beirne, 1996).

La investigación de los factores relacionadoscon el comienzo y la frecuencia de la crueldadhacia los animales constituye una oportunidad deexplorar y desentrañar sus influencias y sugerirposibles soluciones y estrategias preventivas. Eltrabajo de Ascione sugiere además que el sertestigo de actos de crueldad puede empezar aerosionar el desarrollo emocional y moral del niño(Merz-Perez & Heide, 2003), con lo que la intervencióntemprana sería asimismo esencial paraevitar dicho proceso.

Resulta lógica la conclusión de la necesidadde integrar diversos grupos (padres, educadores, maestros, asociaciones de protección animal, trabajadores sociales (Zilney 2001), veterinarios(Landau 1999, Green & Gullone, 2005), pediatras(Muscari 2001), agentes de la autoridad, etc. )junto con el desarrollo de líneas de investigaciónpor parte de sociólogos, criminólogos y psicólogospara proporcionar unas bases teóricas y comprendercómo se produce el inicio del maltratoinfantil-juvenil hacia los animales (Agnew, 1998) einiciar una intervención adecuada (Lewchanin, S.& Zimmerman, E., 2000; Shapiro, K., 2005).

En este sentido, existen diferentes grupos y coaliciones [asociaciones?] que trabajan de manera multidisciplinar para proporcionar una atención más temprana, eficaz y completa a todas las víctimasdel llamado ciclo de la violencia.

Como afirman varios expertos, y a modo deconsideración final, “cada vez que no tomamos en consideración el maltrato a los animales, somospartícipes de una actitud moralmente injusta”(Solot, 1997) y “perdemos una oportunidad de identificar un comportamiento que podría ser un precursor de violencia contra los humanos” (Merz-Perez et al., 2001: 571).



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10. Flynn, 2000; Shapiro, 1996; Querol, N., Cuquerella A, Ascione F., Subirana, M. 2004.

11. Ácido 5-hidroxiindolacético, metabolito de la serotonina.

12. Arluke & Levin, 1999; Ascione & Lockwood, 2001; Dunlap, 1989.

13. Algunos de los más conocidos son: Jeffrey Lionel Damher, Arthur Shawcross, Ted Bundy, Edmund Emil Kemper III, Carroll Edward Cole,Albert de Salvo, Peter Kurten, Richard Trenton Chase, David Berkowitz, Patrick Sherrill, etc. (Wright, J., & Hensley, C. , 2003; Querol, N.,Cuquerella A., Ascione F., Subirana, M., 2002; Ressler, 1998.

14. Ascione, 1999; Lahey, Waldman, & McBurnett, 1999; Thompson & Gullone, 2003.

15. Faver & Strand, 2003; Flynn, 2000; Pelcovitz, Kaplan, DeRosa, Mandel, & Salzinger, 2000



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La Autora:

Núria Querol Viñas. Médica y Bióloga. Investigadora de la Fundación de la Escuela de Prevención y Seguridad Integral de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universitat Oberta de Catalunya. Miembro de la Asociación Americana de Criminología, Especialista en crueldad hacia animales. Miembro de la Asociación Internacional para el Estudio de Trastornos de Personalidad. Dedicado a todas las víctimas de la crueldad humana, sean de la especie que sean, y a todos los humanos que luchan por un mundo más compasivo y justo.


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