23 de Abril de 2005 - La noche de las jeringas

Descubrieron dos perros muertos dentro de bolsas de residuo en el Centro Antirrábico. La autopsia determinó que murieron por "posible" envenenamiento. Miembros de APAN creen que se trata de una matanza clandestina realizada por la Municipalidad. El vocero del intendente negó las acusaciones. Se ordenó un sumario interno para determinar responsabilidades, pero no se intervino el establecimiento.



La noche de las jeringas - Héctor Alí


Dos perros mestizos de gran porte, uno amarillo y otro negro, fueron las primeras víctimas confirmadas de una matanza clandestina que las autoridades municipales no están en condiciones de explicar. A pesar de las negativas del Centro Rábico (lo de anti, sigue siendo un chiste) las evidencias de una práctica que se estaría cometiendo todos los días, quedaron al descubierto en la mañana de ayer cuando un miembro de la Asociación Protectora de Animales del NOA, resistiendo la prepotencia de Alejandro Rodríguez, el director del establecimiento, descubrió dos bolsas de Agrotécnica Fueguina, conteniendo los cadáveres todavía calientes de los infortunados animales. "Esto lo veníamos sospechando desde hacía mucho tiempo, pero no teníamos las pruebas. Ahora sí las tenemos. Acá están los perros muertos y los matan acá", dijo Estela Morales, militante de APAN, mientras sostenía la cabeza inerte de uno de los canes con sus ojos vidriosos aún entreabiertos. Una vecina, con lágrimas en los ojos, describió con ademanes haber escuchado "los aullidos desesperados de los perros. Parecían que estaban pidiendo socorro", se lamentó. Rodeado por una maraña de micrófonos y grabadores, Rodríguez dijo luego desconocer la razón del sacrificio de ambos animales y negó que se hubiera dado alguna orden en tal sentido, "porque las ordenanzas nos prohíben tajantemente la eutanasia", aseguró. La autopsia realizada en dependencias e Caballería de la Policía provincial, determinó que la muerte de los animales se produjo por "posible" envenenamiento.


Pablo Borla, vocero municipal, señaló también que "para la municipalidad este es un día muy triste" y adelantoó que "se está realizando un sumario interno para saber qué ocurrió". Aclaró que la tarea la realiza la oficina de Sumarios de la Municipalidad.


- ¿Quiere decir que se van a investigar a sí mismos?, preguntó este semanario.

- No, porque esa es una oficina que se dedica a determinar la responsabilidad de empleados que pudieran haber cometido alguna irregularidad.

Sin embargo, la tarea de los sumariantes no fue muy eficaz. En principio, el personal del Centro Rábico, incluido su cuestionado director, el veterinario Marcelo Gómez, permaneció en sus puestos y no se impidió que pudieran manipular alguna evidencia comprometedora, como por ejemplo, el veneno que se podría haber utilizado para matar a los perros descubiertos.

De todas maneras, la evidencia incontrastable de los animales muertos, presumiblemente con estricnina o raticida, confirmó los peores temores que la protectora venía manifestando desde hacía varias semanas. No fueron pocas las infidencias salidas del propio centro municipal, que sugería la presunta matanza y la posterior colocación de los perros en bolsas que luego eran llevadas por el camión de residuos patógenos de Agrotécnica Fueguina.


Del mismo modo hubo testimonios de personas que dijeron haber visto cómo una patota que se desplazaba en un camión, mataba perros con palas en la zona de la terminal. Aún así, a pesar de férreas guardias frente al tétrico edificio de la calle Lavalle, no se pudo hallar la prueba buscada. Sí se sabía de los recorridos de una Trafic Blanca, que por las mañanas lleva personas para la campaña de vacunación, pero no está muy claro cuáles son sus periplos nocturnos.


La sospecha sobre el eventual sacrificio de animales viene desde fines del año pasado, cuando se informo sobre la aparición de un caso de rabia en esta capital. Otros casos aparecidos semanas después, dieron pie a una campaña llevada adelante principalmente por el diario El Tribuno, que bajo la excusa de la prevención, envió mensajes subliminales a sus lectores induciendo al miedo y la aprensión hasta de sus propios animales. La abanderada de esta cruzada atemorizadora fue Diana Álvarez, cuyas notas plagadas de dudosas estadísticas, fueron generando una lógica psicosis en la población. De pronto el consultorio de Zoonosis del Hospital del Milagro, triplicó las consultas y los tratamientos. Además de algunas personas que sufrieron mordeduras, hubo infinidad de asistentes hasta por inofensivas lamidas de los canes.


Del mismo modo aumentaron la cantidad de perros trasladados al antirrábico luego de haber tenido inofensivos contactos con personas y no hubiera sido extraño que muchos otros abandonaran a sus animales, temerosos de un posible contagio de esa enfermedad. Pero Álvarez no estuvo sola. Tuvo eco en la inefable perorata de un propalador radial diurno que apoyó sin pudores un proyecto de ordenanza engendrado por los concejales Susana Pontussi (PRS) y Roberto Nelessen (Recrear), que finalmente no prosperó. El proyecto proponía habilitar la caza y posterior exterminio de los perros callejeros, invocando una recomendación de la Organización Mundial de la Salud de la década del '50, que el propio organismo se encargó de rectificar en años posteriores. Si a este personaje radial no le pesan en la conciencia los gritos de los torturados en los campos de concentración que funcionaron en épocas dictatoriales en Latinoamérica, mucho menos podrían pesarle los aullidos de los perros asesinados con estricnina o molidos a palos, tal cual pregonaba como solución al supuesto brote de rabia.


La presunta aparición de más casos (en total serían 10 u 11) se empecinaba en atacar a perros con dueño y con hogar. A pesar de los presagios de los adeptas al exterminio (y de sus deseos más íntimos), no hubo un solo caso entre callejeros, que siguieron penando su abandono sin imaginar que una horda rencorosa pugnaba por sus vidas.


La perseverancia de los miembros de APAN, que seguramente hubieran preferido estar equivocados en sus temores sobre la presunta matanza de perros en el antirrábico, dio sus frutos en la mañana de ayer. Estela Morales se animó a abrir dos bolsas de color bordó con el logo de Agrotécnica Fueguina que habían sido colocadas detrás de una de las hojas del portón de entrada, Alejandro Rodríguez el veterinario encargado de campaña de vacunación municipal, le había asegurado que allí estaban los restos de perros a los cuales se les había extraído el cerebro, por ser sospechosos de portar rabia. Sin embargo, los animales se encontraban enteros, sin muestras de cirugías.


Rodríguez, aduciendo su temor por la eventual propagación del virus, cerró las puertas del establecimiento y dejó encerradas a la mujer y al periodista Marcos Días Muñoz, corresponsal de América TV, que cubría la información. Cuando la evidencia lo desbordó, el funcionario abrió una puerta lateral y ya no hubo marcha atrás.


La información se propaló por las radios y noticieros que enviaron sus móviles al lugar. Rodríguez debía explicar una y otra vez ante los programas matinales, lo inexplicable. "De acá salen todos los días perros en bolsas. Pero se trata de animales a los cuales se les extrae el cerebro por ser casos sospechosos de rabia. En este caso no sabemos todavía que pasó, pero lo vamos a investigar", repitió.


El director del establecimiento, Marcelo Gómez (enfrentó una crisis similar hace una década, siendo subdirector) se paseaba nervioso de una oficina a otra, negándose a conceder entrevistas. El vocero municipal, Pablo Borla, establecía frenéticas conversaciones simultáneas por su celular y el fijo del antirrábico. Supuestamente, mantenía informado a su jefe, el intendente Miguel Isa, quien seguramente estaría maldiciendo la impericia de un personal, que según sus propias palabras "actuó por orden de arriba", justo el día en que debían cerrarse las listas de candidatos por la interna peronista.


Personal policial custodió hasta la media tarde, las bolsas con los perros muertos, hasta que llegó un móvil que las llevaría a la sección de Caballería. Antes se produjeron incidentes con miembros de APAN que fueron amenazados con ser detenidos, por su insistencia en precintar las bolsas. Finalmente, con una veterinaria de parte, llegaron a la dependencia policial, donde la autopsia determinó que los dos perros murieron por "posible" envenenamiento. Con sus vísceras y órganos esparcidos sobre una precaria mesa apoyada en dos piedras, donde también se colocaron sus cabezas cortadas, se extinguió el último vestigio de su penosa existencia.


Uno de esos animales, iba a ser adoptado esa misma tarde por un miembro de APAN, que ya le había encontrado hogar. De sus vidas anónimas, sólo quedaría el recuerdo de su dolor y de un sacrificio que, de todas maneras, no sería inútil. Porque fueron ellos con su muerte, los que dejaron al descubierto la crueldad y la ineficacia de un municipio que ahora tiene muchas explicaciones para dar.


Héctor Alí


Fuente: Diario Cuarto Poder
Fecha Publicación: Sábado, 23 de Abril de 2005



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